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SALVADOR JARA

Salvador no tuvo una vida fácil. Sus padres lo abandonaron cuando tenía 10 años y, desde ese momento, encontró un nuevo hogar en las calles. La necesidad lo llevó a delinquir un tiempo después y durante 20 años su vida se convirtió en un entrar y salir de la cárcel. Un día, como él mismo relata, se miró en el espejo y se dio cuenta de que era momento de hacer un cambio. Luego de trabajar como vendedor ambulante, y motivado por la necesidad de un empleo más estable, llegó a la constructora DLP donde sus antecedentes no fueron un impedimento para darle una oportunidad. Gracias a su esfuerzo, y a la confianza depositada por parte de sus empleadores pudo terminar sus estudios y rendir la PSU, se compró una casa y formó una familia: “Si me hubieran preguntado hace 10 años como me imaginaba mi vida a futuro, jamás habría pensado que fuera posible lograr lo que tengo hoy. A veces, sólo se trata de reconocer las oportunidades que te da la vida y aprovecharlas, porque si uno realmente lo quiere, se puede cambiar”, sostuvo.